jueves, 22 de octubre de 2015

El jueves 15 de octubre se realizo una nueva forestación en la Cuidad Universitaria.

Esta fue convocada y organizada por el ProGAV (Programa de Gestión de Areas Verdes), el Programa Solidaridad Estudiantil, la Escuela de Oficios UNC y la Unidad de Gestión Ambiental Sustentable (GASus).
Se agradece especialmente el apoyo brindado por la Subsecretaria de Planeamiento Físico de la UNC para la realización de este evento, poniendo a disposición el personal y los equipos necesarios para esta tarea.
Se plantaron sobre Avenida Valparaiso, entre calle Haya de la Torre y Avda. Cruz Roja Argentina, 75 Orco Quebrachos y 30 Talas sobre ambos laterales. También se plantaron 40 algarrobos en la Peatonal Lutti, entre Avenida Valparaiso y Avda. Enrique Barros.
Asistieron a este evento mas de 80 “forestadores” de diversas edades, pero de idéntico entusiasmo, que trabajaron muy animados y con espíritu de grupo, hasta que se agotaron los arboles que estaban dispuestos para esta oportunidad.
Nuevamente se demostró que la “acción colectiva” permite realizar tareas hermosas, reconociéndonos en el trabajo y en las ganas de hacer cosas que perduren, para el bien de nuestra comunidad, aprendiendo sobre nuestros árboles nativos, haciendo más bella a nuestra Ciudad Universitaria.

Agradecemos a todos los que con muy buena disposición participaron en esta hermosa actividad.















Se transcribe un texto puesto en común en el grupo al inicio de las tareas.
LOS ARBOLES LEVANTAN VUELO
Los arboles son pájaros hechizados.
No pueden despegar las patas del suelo.
-cree Alberto Forcada.
Una y otra vez aletean con furia.
Se arrancan las plumas, sollozan.
Pero alguna vez volaron, reflexionamos tratando de consolarlo.
Alberto, desde dentro de un libro, no nos escucha. Lo imaginamos caminando desesperado por un bosque de pájaros, escondiendo su rostro bajo las solapas del sobretodo para no escucharlos llorar.
Pero, Alberto, para bien o para mal, los arboles han elegido estar donde están, aunque desde la aparente quietud que vemos nos cueste entenderlo, los arboles son viajeros.
Algunos navegan como veleros por el aire; otros vuelan dentro del estomago de un ave.
Algunos pilotean con destreza los torrentes de los ríos; otros prefieren la seguridad de un tronco a la deriva, y de tanto en tanto se inclinan hasta besar el agua.
Mas de una vez los zorros los han llevado de pasajeros entre sus pelos, o las hormigas sobre los hombros. Algunos terminan disfrutando (si, créelo Alberto), de una cálida estancia en una bosta de vaca. Y hasta nosotros mismos somos involuntarios fleteros cuando después de saborear una frutita de piquillín o mistol, escupimos a ese pequeñísimo árbol aventurero que es la semilla.
Y las semillas viajan hasta que encuentran su lugar, y entonces, recién entonces, se abrazan a la tierra con sus raíces.
Son viajes silenciosos como todos los viajes importantes. Late mas profundo lo que viaja por dentro que lo que se desplaza por afuera.
Pero imagínalo: no es un árbol que viaja. Son cientos de miles de ellos, bosques invisibles viajando silenciosos sin que nos demos cuenta.
¿Cómo romper el maleficio? Insiste Alberto, solidario, sin escucharnos, desde dentro de su libro. ¿Qué palabras deberé mencionar?, ¿cuántas veces tendré que besarlos?
No te preocupes, Alberto.
En este mismo momento miles de árboles echan a andar.

Texto extraído del libro: ARBOLES Nativos de Argentina. (Pablo Demaio, Ulo Ola Karlin, Mariano Medina)










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